- Se exhibirá la ofrenda “Dulces para Frida” del artista Humberto Spíndola, creada ex profeso para la Casa Azul
El Día de Muertos en el Museo Frida Kahlo se recuerda a una de las artistas, más reconocidas. Es también una celebración que se realiza en la Casa Azul desde hace más de cincuenta años y constituye un homenaje a la admiración de la artista por las tradiciones y expresiones artísticas de la cultura popular mexicana, así como a ese interés que compartía con su esposo Diego Rivera.
Sobre la exposición homenaje “Dulces para Frida” de Humberto Spíndola:
- Fecha de inicio: 20 de octubre
- Último día de la ofrenda: 22 de noviembre
- Apertura especial del Museo Frida Kahlo: lunes 2 de noviembre
Esta exposición consiste en un altar elaborado con el material que Spíndola conoce mejor: el papel de china. El artista escogió hacer una reproducción de los azulejos de talavera de la cocina del convento de Santa Rosa, en Puebla. Esta ofrenda se inspira en la tradición de los túmulos funerarios de la época virreinal.
En la ofrenda se conjuntan dos aspectos de México: su pasado y su presente, su historia y su modernidad. Ambas facetas se representan por los dulces tradicionales de diversos pueblos de México, por calaveras de azúcar realizadas por Wenceslao Rivas y objetos de barro elaborados por otros artistas que, de igual manera, forman parte de la Asociación de Creadores del Arte Mexicano, A.C., tales como Tiburcio Soteno, Leonardo Linares y los hermanos Abraham y José Ruiz.
Este altar está lleno de figuras de alfeñique de Toluca y de León; cabezas de almidón de Oaxaca para panes de muerto, dulces de Celaya y camotes poblanos. Los dulces están expuestos junto a juguetes de arte popular, cartonería y objetos tallados en hueso.
Se trata de una instalación realizada ex profeso para el Museo Frida Kahlo por el artista, quien continuamente cruza la línea entre el arte conceptual contemporáneo y las formas tradicionales de trabajos en papel de china. Spíndola tuvo contacto con el pintor jalisciense Chucho Reyes y ha colaborado frecuentemente con el Museo Frida Kahlo.
En 2004, en el Festival Ars Sacrum de Bilbao ―dedicado ese año a los ritos funerarios del mundo―, Spíndola participó con un Altar de Muertos, un Altar de Dolores y el performance callejero de La Catrina vestida en papel de seda. En 2007 ganó el primer premio en la Cuadrienale de Praga por el diseño de vestuario de la ópera Moctezuma de Antonio Vivaldi, descubierta hace poco. A nivel internacional, Humberto Spíndola ha expuesto en el Petite Palais de París; en el Museo de Artes Decorativas de Helsinki; en el Musée de l’Hospice Comtesse de Lille y en la Mandeville Gallery de California, entre otros espacios de renombre. En la Ciudad de México, Spíndola ha mostrado su obra en el Palacio de Bellas Artes, en el Museo de Arte Moderno y el Museo Tamayo.
Dado el profundo interés del artista por experimentar con la relación entre la arquitectura y el papel de china, surge esta instalación dedicada a Frida y a la gastronomía dulcera de México. En palabras del propio artista, “se trata de rescatar, a través de lo moderno, las raíces profundas de México”.
Más sobre la Ofrenda.
Montar un altar en honor a los fallecidos es una tradición milenaria de las civilizaciones de América, que se ha conservado a través de los siglos hasta la modernidad. En estas ofrendas se brinda comida y bebida, así como tiempo, hospitalidad y memoria a las ánimas de los nunca olvidados. Es un acercamiento íntimo y, al mismo tiempo, festivo para recordar a los seres queridos. La creencia arraigada es que las ánimas descienden en estas fechas para convivir con los vivos y, así, éstos puedan expresar su respeto y cariño a quienes ya se fueron.
La idea traviesa con la que el mexicano concibe la muerte se conserva en este espacio lleno de golosinas y tradición artesanal. El escritor Octavio Paz aseguraba que, para el mexicano, la muerte “es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”[1]. Para Frida Kahlo −quien transformó el dolor en arte−, la muerte no deja de estar presente; la artista se burla de ella y, en ocasiones, la representa en su obra.
Sin embargo, como aseguró el premio Nobel de Literatura 1990, “frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como creación; otra, de regreso, […] como fascinación ante la nada”[2]. Hay una frase que expresa de manera popular esa nada, ese matar y destruir: “Se lo cargó la chingada”, podría ser el epitafio de cualquier mexicano.
Así como la muerte nos libera de la vida, pues “la desnuda de todas sus vanidades y pretensiones y la convierte en lo que es: unos huesos mondos y una mueca espantable”[3], también es ocasión de fiesta, de hacer una animada ofrenda que recuerde todo lo que nos une −tanto a vivos como a muertos− a los placeres de la tierra: los sabores favoritos, los colores que alegran la existencia y los olores capaces de “revivir muertos”. Es por esto que los elementos de este altar recuerdan a los cuatro fundamentos del mundo: agua, fuego, viento y tierra.
Esta ofrenda toma en cuenta ese lugar de la Nada, que en realidad no nos asusta porque la vida −como asegura Paz−, ya nos ha curado de espanto; pero también festeja esa muerte que, en Frida y en los artistas que hoy la celebran, se transforma en creación colorida, viva y generosa.
“[La chingada es] un país gris, que no está en ninguna parte, inmenso y vacío… Es la Nada.” [4]
TEXTO: Hilda Trujillo
MUSEO FRIDA KAHLO
Dirección:
Calle Londres 247
Colonia Del Carmen
Delegación Coyoacán
C.P. 4100, Ciudad de México
Teléfono:
(+52 55) 5554 5999
Sitio web: http://www.museofridakahlo.org.mx
Horarios:*
Martes: 10:00 – 17:45 h
Miércoles: 11:00 – 17:45 h
Jueves a domingo: 10:00 – 17:45 h



