Anualmente los manzanos necesitan un periodo de frío que naturalmente reciben en invierno, a ese lapso se le llama dormancia.
En México el mayor productor de manzanas es Grupo La Norteñita, que se ubica en Chihuahua, el mayor estado productor de este fruto en el país.
En primavera los árboles necesitan ser polinizados, por eso los productores literalmente rentan miles de colmenas para que las abejitas “trabajen” en los campos durante esa época.
¿Alguna vez has contado las semillas cuando comes una manzana? Cada una representa el trabajo de una abeja polinizadora, es decir, si tiene cinco semillas, significa que ¡cinco abejas contribuyeron a su crecimiento!

Para contrarrestar los efectos de las heladas los productores acostumbran cubrir todo el huerto con mallas, así evitan que el granizo dañe los frutos. Si es necesario se utilizan abanicos para mezclar las capas de aire frío y cálido para evitar que la fruta se congele.
A medida que se acerca la época de cosecha se realizan mediciones en la fruta para determinar su madurez: se verifica su presión, el nivel de azúcar y otros parámetros para asegurar que se corten en el momento preciso. ¡Es como si fueran al doctor!
En La Norteñita la cosecha es totalmente artesanal, en sus campos trabajan miles de manos expertas, muchas de ellas rarámuris.

Las bolsas donde los recolectores colocan la fruta después de cortarla se llaman cotenses. En ellas cargan las manzanas para transportarlas del árbol hasta una especie de cajón gigante con una capacidad de 400 kilos. Cada día llenan decenas de ellos.
Cuando las manzanas llegan a la zona de empaque, toman un “baño de manzana”: los frutos pasan por debajo de una cortina de agua fría enriquecida con nutrientes que sirve para disminuir su temperatura y evitar que sigan madurando.
Cuando las manzanas se refrigeran deben vigilarse día y noche sus niveles de oxígeno y dióxido de carbono para asegurar su “juventud”.