Silvia Gurrola Bonilla presentó La dignidad encantada, su primera novela

  • En el Museo del Estanquillo acompañaron a la autora Viridiana Villegas, Bertha Alicia Esparza, Rafael Fernández y Henoc de Santiago




¿Qué mujer es capaz de transgredir las costumbres milenarias de uno de los pueblos más pobres de Mozambique, con el fin de legar un esperanzador futuro a sus hijos y brindar, así, una lección de entereza y amor a la vida?

La respuesta a esa interrogante se encuentra en la primera novela de Silvia Gurrola Bonilla: La dignidad encarnada, presentada este 11 de junio en el Museo del Estanquillo, por Viridiana Villegas, Bertha Alicia Esparza, Rafael Fernández y Henoc de Santiago.

Zubaida es la protagonista de esta historia, quien al darse cuenta de la vida ordinaria y de sometimiento que lleva decide romper, muy a su manera,  con lo establecido en busca de algo mejor para ella.

En este libro la autora hace uso de un lenguaje ágil, que se traduce en una lectura sencilla y amena imposible de soltar, a pesar de que los temas abordados por ella son sumamente crudos, como los rituales e iniciaciones de sexualidad, las creencias en Mozambique sobre el sida y otros similares que hacen reflexionar al lector sobre la violencia y la desigualdad de género.      

La dignidad encarnada, dijo Silvia Gurrola, es un “texto de devoción” nacido principalmente de su  interés en el tema de la mutilación genital femenina y la importancia de la salud reproductiva.

Rafael Fernández,  cuentista y científico invitado a la mesa,  comentó que en La dignidad encarnada la autora convierte lo local en universal. Es una historia de colonialismo, que bien podría estar hablando de nosotros como país, ya que la historia de Zubaida pudiera ser la de Tranquilina, una indígena oaxaqueña que no habla español y que no tiene futuro, explicó.

Otras lecturas que podrían darse a la novela de Gurrola Bonilla son la relación existente entre la mujer con el poder, la desigualdad y la violencia de género.

Henoc de Santiago, director del Museo del Estanquillo, apuntó que no es gratuito que La dignidad encarnada esté ubicada  en Mozambique, uno de los países más pobres de todo el mundo y con uno de los índices de desarrollo humano más bajo. Recordó que ese país africano apenas alcanzó su independencia hace 40 años, tras entablar una guerra civil durante tres lustros.