- Amigos y colegas le rindieron homenaje en el Palacio de Bellas Artes, la noche del jueves 16 de abril
Guillermina Bravo, La Bruja de la Danza, no pierde poder. Ni encanto. Sigue cautivando. Y ganando batallas. Aun después de casi un año y medio de haber fallecido. El jueves 16 de abril volvió a aparecer en su casa: el Palacio de Bellas Artes.
¿Cómo se explica que esa noche en la Sala Manuel M. Ponce del recinto que la vio nacer y morir se hayan congregado muchos de los más destacados exponentes de las artes en México para hablar de ella, y que ella hablara a través de ellos?
Bailarines, coreógrafos, actrices, directores de teatro, compositores, artistas plásticos, promotores culturales: amigos cercanos, íntimos colaboradores que tuvieron la fortuna de acompañarla en alguna parte de su trayectoria de más de 60 años se reunieron para compartir y celebrar la vida, la amistad, las enseñanzas y la convicción de las ideas de la considerada madre de la danza moderna mexicana.
Desde antes de las 19:00 horas, un numeroso público hacía fila para entrar a la Sala Manuel M. Ponce. Muchos con la curiosidad de ver a tantos creadores e intérpretes convocados por el recuerdo de La Bruja. Y sí, acudieron a la cita, prestos y quizá también un poco nerviosos, pero gustosos.
Reencuentro de amigos y compañeros, de artistas que crecieron y se desarrollaron bajo la guía, el consejo, la influencia, la compañía o el regaño de Guillermina Bravo (1920-2013); reunión de algunos de los más destacados exponentes de las artes, quienes ante la muerte de la creadora resolvieron hacerle un homenaje.
Testimonial
Ese fue el motivo de la reunión: se presentó el libro-homenaje Guillermina Bravo. Testimonial, el cual –con un prólogo de Luisa Josefina Hernández– recoge un conjunto de entrevistas y documentos en los que sus amigos detallan algunos aspectos de su vida como bailarina, coreógrafa, maestra, militante y madre.
Editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), a través del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón (Cenidi Danza), el volumen destaca la vida y obra de Guillermina Bravo y sus aportaciones a la amistad y a la cultura mexicana en general, dijo en su momento Elizabeth Cámara, directora del Cenidi Danza.
Líder natural de su compañía, el Ballet Nacional de México (BNM), pero también de la danza moderna mexicana, la maestra Bravo fue “sabia alquimista de la cultura. Catorce voces se reunieron apenas salió su féretro del Palacio de Bellas Artes en noviembre de 2013. También se convocó a investigadores a que reunieran todo tipo de documentos, y a fotógrafos, amigos y familiares. El resultado es este libro editado por el INBA”, informó Elizabeth Cámara.
Guillermina: maestra, revolucionaria, militante…
Enseguida, con la moderación de Jorge Gutiérrez, subdirector general de Educación e Investigación Artísticas del INBA, algunas de esas voces compartieron parte de sus testimonios plasmados en el volumen.
Rossana Filomarino conoció en Nueva York a Guillermina Bravo, quien la invitó a dar clases en el BNM. “Ella –aseguró la coreógrafa– cambió mi vida con sus enseñanzas y me adoptó. Sus dos preocupaciones fundamentales fueron la danza y la sociedad”.
La bailarina y actriz Rosenda Monteros la consideró “mi gran maestra”, pues la animó a seguir su carrera cuando creía que “no tenía las armas para ello”, mientras que el coreógrafo Luis Fandiño, quien trabajó con Bravo en el BNM, se dijo afortunado por el “acompañamiento casi carnal en sus principales trabajos, en un diálogo intenso, tal vez confuso, pero con muchos aciertos”.
Luego tocó turno a Mario Lavista, quien refirió que Bravo fue parte del movimiento que revolucionó el arte en México, luego del nacionalismo, porque acompañó las inquietudes de los compositores que buscaban dar el salto hacia la modernidad. Lavista contó que algunas veces tocó en vivo en funciones de Guillermina Bravo.
Federico Castro, otro de los coreógrafos pilares del BNM, la recordó como la “creadora de la nueva danza mexicana” a partir del estudio del cuerpo y de la sistematización del movimiento. “Bailábamos con cuerpos entrenados”, aseguró, y confió: “A ella le debo la vida”.
Otro compañero de viaje fue Orlando Scheker, quien hizo a Bravo parte de su familia. “De mi madre aprendí la lucha por la vida, y de la maestra, la pasión por un proyecto de vida. Para ella, todos los bailarines éramos solistas, no había coros; todos éramos principales”, rememoró.
Por su parte, Luis de Tavira reconoció haber descubierto en el trabajo de Guillermina Bravo “claves fundamentales para la dirección” en la escena moderna mexicana. “Más que a una Bruja, veo a Guillermina como una alquimista prodigiosa (…) un prodigio, un monstruo, un leviatán que navegaba aguas profundas”.
Recordó una entrevista que le hizo Raquel Tibol a Guillermina Bravo en 1956, en la que le pidió definir su tendencia artística, a lo que ella contestó: “Me choca hacer danza para el pueblo: nosotros somos pueblo haciendo danza. No podría precisar mi estilo. Creo que el estilo son los residuos de una obra que quedan en otra. En nuestro plan de experimento y búsqueda, no cabe un estilo”.
Con ello, afirmó el director teatral, Guillermina “describió rutas del arte mexicano que siguen siendo hoy asignaturas pendientes”.
El promotor cultural Ignacio Toscano y el escenógrafo Guillermo Barclay cerraron la noche. Este último dijo que si quitáramos a Guillermina Bravo de la historia de la danza en México, no habría danza en México. “Ella llevó la danza al nivel de cualquier otro arte”.
Toscano contó varias anécdotas, como el hecho de que la coreógrafa compró un nicho mortuorio en la Catedral de la Ciudad de México, no obstante sus ideas políticas. Y concluyó con una frase de Gerardo Estrada: “Guillermina Bravo es una danza dedicada a la vida”.



