Evocó el trío encabezado por Alberto Zuckermann a los grandes compositores e intérpretes del jazz en el Palacio de Bellas Artes

  • Dedicó concierto del ciclo Por lo tanto… jazz a recrear las presentaciones de iconos del género documentadas en el libro El jazz en el Palacio de Bellas Artes (1962-2011) de Zuckermann y Susana Ostolaza





El jazz se decantó. Fue música inagotable para la memoria y los sentidos; fluido incesante del vigor, la cadencia y los sentimientos convertidos en notas en el piano, el contrabajo y la batería. Los grandes compositores e intérpretes del género estuvieron de nuevo presentes en el Palacio de Bellas Artes en la ejecución del trío integrado por Alberto Zuckermann, Raúl Enrique Rosales y Raúl Campos, en el concierto del ciclo Por lo tanto… jazz.

La tarde del domingo 12 de abril, la Sala Manuel M. Ponce abrió sus puertas a un recital conformado por una selección de piezas que son históricas por la presencia de sus compositores o intérpretes en el recinto de mármol, y la cual se halla documentada en el libro de Alberto Zuckermann y Susana Ostolaza El jazz en el Palacio de Bellas Artes (1962-2011). El volumen fue presentado a fines de 2014 en el inmueble en la conmemoración por sus 80 años.

Respecto a la selección de las piezas que integraron el programa, Alberto Zuckermann dijo en entrevista que las eligió por tratarse de temas que mostraron la importancia de algunos grandes músicos como Thelonious Monk, Erroll Garner y Herbie Hancock, entre otros.

El trío de Alberto Zuckermann en el piano, Raúl Enrique Rosales en el contrabajo y Raúl Campos en la batería abrió el ritmo sincopado ante una sala llena con Satin Doll de Duke Ellington, quien estuvo en México, como lo refiere el título de Zuckermann y Ostolaza, en 1968.

Luego llegó la cadencia y la sutil seducción, el lirismo conmovedor de Stan Getz en La chica de Ipanema de Antonio Carlos Jobim. La pieza, que evocó la histórica presentación en 1964 del saxofonista tenor Stan Getz, se nutrió del descubrimiento que hicieron los músicos estadunidenses de la bossa nova, que, enriquecida por el jazz, se convirtió en un movimiento con resonancia mundial.

Al referirse al trabajo de investigación y documentación que llevaron a cabo para la realización del libro, Alberto Zuckermann expresó que la mayor satisfacción es que se trata de un testimonio de lo que en medio siglo ocurrió en este gran recinto cultural en materia de jazz.

Hacia la conclusión del concierto, el ensamble interpretó la pieza In a Silent Way de Joe Zawinul: un río inacabable de armonías desbordadas, donde la batería marcó su presencia como una catarata.

Alberto Zuckermann expuso que la inspiración para emprender la tarea de escribir el libro que recoge la presencia del jazz en el Palacio de Bellas Artes la halló en su memoria, tras haber presenciado una buena parte de los conciertos que documenta el volumen.

Susana Ostolaza, quien participó como maestra de ceremonias, recordó que, como lo refiere El jazz en el Palacio de Bellas Artes (1962-2011), Herbie Hancock se presentó el 19 de marzo de 2011 con su Imagination Project. Y de este compositor interpretaron Maiden Voyage, un auténtico viaje por armonías y sensibilidades expectantes a las emociones a despertar por las notas.

“Lo logramos. La satisfacción es muy grande. Este libro está precioso. Las imágenes son muy nítidas, el trabajo de diseño es muy afortunado, la portada, el tipo de papel… Hasta el detalle más sencillo lo ves bonito. Ha sido muy gratificante”, concluyó la coautora del volumen.