Razón de ser. Obras emblemáticas de la Colección Carrillo Gil

  • Una cuidadosa selección de 63 obras que permite confirmar la relevancia del coleccionismo visionario del doctor Carrillo Gil
  • Integra piezas de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y Wolfgang Paalen
  • Hasta el 8 de febrero de 2015 en el Museo de Arte Carrillo Gil




El Museo de Arte Carrillo Gil termina su año de festejos reforzando en la memoria de los mexicanos la trascendencia a nivel internacional de su valioso acervo de arte moderno latinoamericano, que el doctor Álvar Carrillo Gil, precursor del coleccionismo nacional, tan generosamente nos heredó.

Las primeras adquisiciones del doctor Carrillo Gil fueron piezas de José Clemente Orozco, en los años cuarenta, y casi una década después comenzó a atesorar obras de David Alfaro Siqueiros.

Una cuidadosa selección de 63 piezas representativas del acervo del museo constituye la exposición Razón de ser. Obras emblemáticas de la Colección Carrillo Gil, que estará abierta al público hasta el 8 de febrero 2015 en el primer piso del recinto.

El acervo del museo no solo está conformado por un considerable conjunto de obras de los creadores representados en esta exposición: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y Wolfgang Paalen. Carrillo Gil también dirigió su mirada al arte de Europa y Asia, de tal modo que su colección se vio enriquecida por una diversidad de piezas ciertamente contrastantes: grabados japoneses de los siglos XVI al XIX, estampas de artistas modernos europeos, carteles editados por la prestigiosa casa impresora francesa Mourlot, dibujos de Auguste Rodin, grabados de Jacques Villon y Georges Rouault, y serigrafías de artistas modernos ligados a las vanguardias históricas, como Theo van Doesburg, Jean Dewasne, Sonia Delaunay, Fernand Léger o Francis Picabia.

¿Pero qué tiene esta colección que la hace única para el contexto del coleccionismo moderno? En principio, habría que destacar que su interés radica, precisamente, en el núcleo de arte mexicano que esta exposición recoge. Las obras de los creadores nacionales modernos presentes en la Colección Carrillo Gil suponen menos de la mitad del total de piezas donadas a la nación en 1972. Sin embargo, es con este grupo con el que se impone Álvar Carrillo Gil como el coleccionista más relevante del país entre finales de los años treinta hasta finales de los sesenta.

¿A qué se debe esto? O como indica el título de esta exposición, ¿cuál es la razón de ser de esta colección y en consecuencia de este museo? No es nada extraordinario recordar que es debido a la trascendencia de estas obras, a su espíritu local y a su espacio simbólico en la historia de México. Los artistas reunidos en esta selección y que encabezan la imagen de la Colección Carrillo Gil dibujan un diáfano panorama del arte moderno nacional.

Por un lado se impone el ímpetu renovador y rupturista de las vanguardias heroicas que se manifiestan en el conjunto de pinturas cubistas de Diego Rivera, la revisión de la historia reciente de México que exponen con crudeza las obras gráficas de José Clemente Orozco, las tensiones que David Alfaro Siqueiros mantiene entre la representación de los ámbitos políticos e históricos esencialmente mexicanos, y la abstracción como una manifestación pictórica del futuro y la tecnología, no siempre benévolos.

Y por el otro, frente a estos artistas mexicanos, contrastan las obras de los pintores extranjeros activos en este país, como Gunther Gerzso y Wolfgang Paalen. Ambos encarnan la tradición histórica de las diversas abstracciones europeas: desde el espacialismo y el informalismo de ascendencia italiana que se manifiestan en las obras de Gerzso hasta los postreros experimentos de Paalen en los ámbitos de la abstracción lírica y gestual.

De este modo, el acervo del doctor Álvar Carrillo Gil, y por supuesto este museo, exponen las tensiones por las cuales discurrió la modernidad artística en México y en Latinoamérica: una apuesta que consistió, desde la “barbarie” periférica, en intentar colmar el deseo por lo universal que para los artistas modernos encarnaban las vanguardias artísticas europeas. Es desde este lugar de conflicto entre lo local y lo universal, una dicotomía aparentemente superada, donde se encuentra la razón de ser de la Colección Carrillo Gil.

Entre las piezas que el público podrá apreciar como parte de esta exposición se encuentran las pinturas El arquitecto de Diego Rivera, Puente de Queensboro de José Clemente Orozco, Barrancas (paisaje veracruzano) de David Alfaro Siqueiros, Lab-náde Gunther Gerzso y Bañistas (bagneuses) de Wolfgang Paalen.