Presentan “El arraigo popular del teatro titeril en México”

  • Disco compacto de la investigadora Francisca Miranda
  • Miércoles 10 de septiembre, a las 17:00 horas, en el Aula Magna del Centro Nacional de las Artes



Si algo ha marcado el teatro para títeres en México es su sincera preocupación por transmitir lo mejor de la educación y la cultura, aseguró Francisca Miranda, investigadora del Centro de Investigación, Documentación e Información Teatral (CITRU) “Rodolfo Usigli”.

Explicó que ese género teatral es y será indispensable en la formación de nuevos públicos, ya que despierta la imaginación y los sueños de los niños y adultos.

Al menos esas son dos de sus tesis plasmadas en su reciente investigación en formato CD:El arraigo popular del arte titeril en México 1940-1960, que se dará a conocer en el Aula Magna del Centro Nacional de las Artes (CENART), el miércoles 10 de septiembre a las 17:00 horas.

“Con este trabajo yo termino mis investigaciones en torno a la historia del teatro de títeres, desde la época precolombina hasta 1965, año en que se creó el Centro de Teatro Infantil del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)”, afirmó Miranda, quien actualmente realiza el proyecto Cronología comentada de grupos de títeres de México 1970-2013.

Los grupos que aparecen en su reciente investigación son Carpa Títeres Flores de Aguascalientes (1865-2014), Títeres Herrera de la Ciudad de México y Cuernavaca, Morelos (1920-2014), Genaro Aceves Mezquitán "Pinito" de Guadalajara (1925–1940), Títeres Morales de Oaxaca (1940-2014), Pedro Domínguez Franco “Periquín” de Pachuca, Hidalgo (1940–2011), Guiñol Gilberto Ramírez Alvarado "Don Ferruco" de la Ciudad de México (1940–1950), Juvenal Fernández Bravo de la Ciudad de México (1940–1950), Teatro Petul de los Altos de Chiapas (1954–1957) y Pedro Carreón Zazueta “El señor Guiñol” de Culiacán, Sinaloa (1959–2012).

En entrevista, la especialista señaló que esos nueve grupos “realizaron un gran trabajo educativo, social y, sobre todo, de salud en México en un periodo corto de nuestra historia, que comprende de 1940 a 1960”.

Agregó que anteriormente no se habían hecho ningún tipo de investigación sobre esos grupos, a pesar de que estuvieron en un momento histórico crucial de México, al llevar el teatro de títeres a las comunidades más remotas, como Chiapas.

A pregunta expresa, aseguró que el teatro hecho por esos grupos “estaba enfocado en la educación, la cultura y la salud, pero con un objetivo más didáctico y pedagógico”.

En esas décadas, recordó la ganadora del Premio Rosete Aranda 2008, el estado mexicano tenía muy en claro sus objetivos educativos, por ello, entre otras cosas, “echaron mano” del teatro de títeres para no solo poder crear en los niños la ilusión de la magia, sino también para hacerlos partícipes a través de los muñecos, de cómo podían mantener sus cuerpos sanos.

Entre 1940 y 1960, explicó Miranda, el teatro de títeres enseñaba a los niños a proteger su salud, informándoles de los peligros de las enfermedades infecciosas y de la importancia de cuidar sus cuerpos, sin olvidar que podía convertirse en una herramienta que apoyaba a los maestros en clases.

Fue tal su grado de aceptación, afirmó la investigadora, que los grupos ya eran conocidos entre los estudiantes de secundaria y los maestros normalistas, incluso muchos de ellos siguieron sus pasos en este oficio.

Miranda dijo que, además de que los grupos de titereteros apoyaron en mucho las campañas de alfabetización y de salud en México, habría que destacar los libretos y la estética de sus espectáculos, incluyendo la técnica utilizada para la elaboración de sus muñecos. 

A través de los muñecos, adujo, los niños tienen más facilidad de expresión y de desarrollo de sus capacidades mentales y lúdicas. Un muñeco les proporciona la seguridad que muchas veces un adulto no puede, porque son una representación de sus anhelos, dijo.

Comentó que si en la época colonial los espectáculos de títeres fueron expulsados, perseguidos y encarcelados, ahora, en este siglo XXI, deben apoyarse, por medio de la entrega de becas, y fomentando y difundiendo sus funciones en todo el país.

El teatro de títeres no ha perdido su vigencia, señaló Francisca Miranda, ya que da mayores habilidades en la expresión, la escritura y el arte, las cuales no son transmitidas por las nuevas tecnologías.

Finalmente, la licenciada en arte dramático por la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, y maestra en estudios latinoamericanos por la UNAM, informó que de 1965 a esta fecha tiene registrados más de 700 grupos dedicados al teatro de títeres en todo el país y más de mil libretos.

Como autora, Miranda ha publicado los libros México. Época de Oro del Teatro Guiñol de Bellas Artes (1932-1965), Empresa Nacional Mexicana de Autómatas Hermanos Rosete Aranda (1835-1942) y Teatro Carpa Rosete Aranda, Empresa Carlos V. Espinal e Hijos(1900–1961). También realizó el documental Érase una vez… Una historia de títeres,producido por Canal 22, que en 2010 recibió la mención especial”Pantalla de Cristal”.