Eclecticismo, uno de los valores del Palacio de Bellas Artes

  • La arquitecta Lourdes Cruz dio la conferencia Una mirada al entorno internacional durante la construcción del Palacio de Bellas Artes
  • Su mezcla de estilos lo convierte en un mosaico de riqueza artística y cultural
  • Su construcción abrevó de corrientes imperantes en Europa y Estados Unidos




Uno de los valores en los que radica hoy la importancia del Palacio de Bellas Artes es su estilo arquitectónico ecléctico. A 80 años de su inauguración, el llamado “Palacio de mármol” es un muestrario, un amplio mosaico de riqueza artística y cultural, que lo ha llevado a ser reconocido en el mundo como una joya arquitectónica y en patrimonio artístico de la nación.

Así lo consideró la doctora en arquitectura Lourdes Cruz González Franco en la conferencia “Una mirada al entorno internacional durante la construcción del Palacio de Bellas Artes”, que impartió el martes por la noche en la Sala Adamo Boari de dicho recinto, en el marco del ciclo Arquitectura, presente y futuro que organiza el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

La especialista, egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, consideró que en la época en que se inauguró el recinto, no obstante que en el mundo predominaba el Art decó y el Art noveau, no existía en México una uniformidad en la arquitectura.

Puede parecer –dijo-- que México estaba atrasado en cuanto a las principales corrientes imperantes en el mundo, lo cual negó y justificó que nuestro país “vivía su momento histórico y circunstancias posrevolucionarias”, se encontraba en un momento de búsqueda de su propia modernidad.

Recalcó que la construcción del Palacio de Bellas Artes caminó entre dos importantes etapas de México: el final del Porfiriato y la Revolución. Su diseño original se debe al  arquitecto italiano Adamo Boari, cuyos trabajos iniciaron en 1904, y se concluyó formalmente el 10 de marzo de 1934 bajo el cuidado y guía del arquitecto mexicano Federico E. Mariscal.

Durante ese lapso de tiempo, y desde antes del fin del siglo XIX, dijo la especialista, en el mundo occidental se dieron varias corrientes arquitectónicas que influyeron de alguna manera en la construcción del recinto ordenado por Porfirio Díaz, principalmente en Europa y Estados Unidos.

La fachada del Palacio de Bellas Artes, resaltó Lourdes Cruz, ya estaba dado por Adamo Boari; el interior se fue modificando de acuerdo con los requerimientos que iban surgiendo en cuanto a cupo y tecnología, pero para el interior Federico Mariscal recurrió al Art decó, estilo que permeó inclusive en toda la ciudad  de México y en el interior del país.

Afirmó que las diferentes modas arquitectónicas siempre han sido influenciadas por las artes plásticas, lo cual se constata en los trabajos realizados principalmente en países como Rusia, Francia, Bélgica, Holanda y Estados Unidos, países que predominaban en las vanguardias artísticas y arquitectónica a finales del siglo XIX y principios del XX.

Al inicio del nuevo siglo, en Europa se buscaban nuevas formas de expresión artística, en un afán inconforme con el apabullante Positivismo y la fe ciega en la ciencia. De ahí y de la desolación que dejó la Primera Guerra Mundial, consideró Lourdes Cruz, surgen nuevas ideas que dan origen al futurismo, al neoplasticismo, el Fauvismo, el expresionismo, al Art decó, el Art noveau y el modernismo.

Ya entrado el siglo XX, explicó la arquitecta, las corrientes que más influyeron en el mundo y México fue la arquitectura alemana (la Balhaus) y la Escuela de Chicago, al tiempo que se buscaba disminuir la ornamentación excesiva, característica de décadas anteriores, y que llegó a considerarse como “un retroceso en la evolución de la humanidad”.

Todas esas ideas, concluyó la arquitecta Lourdes Cruz, permearon la construcción del Palacio de Bellas Artes, convirtiéndolo en un gran crisol de ideas y culturas. Su eclecticismo es su gran característica y es necesario hoy conocerlo a fondo, valorarlo y revalorarlo en su justa dimensión”.