- Dentro del ciclo “Experiencias en el Palacio. 80 Aniversario” se reunieron personalidades de la danza para hablar de la trascendencia del recinto a través de su carrera artística
- “Ahora bailo de alegría por y para Bellas Artes. Nací totalmente Palacio y moriré totalmente Palacio,” expresó Gladiola Orozco al referirse a la importancia que tuvo el “Recinto de Mármol” en su vida
El Palacio de Bellas Artes, además de ser sede de la cultura en México, ha sido el lugar de encuentro donde los personajes más importantes de la danza mexicana han hallado su camino por el arte del movimiento, así lo comprobó la mesa del ciclo “Experiencias en el Palacio. 80 Aniversario”, que se llevó a cabo la noche de ayer, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes (PBA).
En una tertulia donde se reunieron coreógrafos como Gladiola Orozco, solistas y primeros bailarines como Tihui Gutiérrez, Carlos López y Viviana Basanta, y funcionarios como Salvador Vázquez y Ricardo Calderón Figueroa, los invitados hablaron sobre su relación y vivencias en el Palacio de Bellas Artes a través de la danza.
Al inicio de la mesa, la ahora maestra de la Compañía Nacional de Danza (CND) y ex primera bailarina, Tihui Gutiérrez, expresó que “lo mejor de ser bailarina en México es tener la oportunidad de bailar en el Palacio de Bellas Artes. Es un honor y un compromiso enorme, porque lo que se presenta en este foro es siempre de gran excelencia.”
Para la bailarina, que no quiso despedirse (tenía función en el Bosque de Chapultepec de El lago de los cisnes) sin antes compartir su enorme pasión por ese recinto, el Palacio es “sagrado, porque determinó que me dedicara a la danza, cuando a los 8 o 9 años entré por primera vez y vi, desde la escalinata de mármol, el vestíbulo y sus espejos, las cortinas y las lámparas, el Vitral de las Musas que poco a poco extinguía su luz y toda esa calidez que tiene el teatro, donde están imantadas las experiencias y las exaltaciones artísticas y sublimes de los artistas que han pasado por ahí.
“El hecho de que la CND tenga como sede este recinto y temporadas permanentes es vital; nos hace parte de la identidad que lo conforma, no solo al Palacio sino también al Instituto Nacional de Bellas Artes”, concluyó Gutiérrez.
“No soy de ningún lugar, yo soy totalmente Palacio”, así abrió su participación la distinguida coreógrafa Gladiola Orozco, en la que narró su relación con el PBA a través de la danza: “Entré al palacio en la década de 1950, cuando inicié mis clases con la maestra Guillermina Bravo, lo que cambió mi vida.”
“Aquí estudié, aprendí y me volví más culta,” dijo la maestra, y recordó que en su época de estudiante veía ir y venir a “las muchachas: Rosa Reyna, Jacqueline Gutiérrez, Elena Beristain, Guillermina Peñalosa, Josefina Lavalle; mujeres bellísimas, muy interesadas en el nacionalismo de la época, en lo que pasaba en México, cuyas coreografías reflejaban ese interés por lo social. Estas mujeres también se caracterizaban porque ‘eran unas melenas…’, eran unas largas colas de caballo que generaban un gran impacto.”
“Me acuerdo que cuando entre por primera vez en el PBA fue un gran impacto el telón, las butacas, el ambiente que se respiraba era otro, porque era otro Bellas Artes. A partir de esa década (1950) cada año hacía una temporada. Fue un recinto capaz de fusionar a las dos compañías de danza clásica más importantes de México para representar al país en el extranjero. Ahora bailo de alegría por y para Bellas Artes. Nací totalmente Palacio y voy a morir totalmente Palacio,” expresó.
Por su parte, el ahora reggiseur de la CND, Carlos López, evocó sus primeras impresiones sobre el recinto de mármol, el que despertó en él su pasión por la danza. Vine desde tierras tapatías a las funciones que en aquella época dieron los legendarios bailarines británicos Alicia Markova y Anton Dolin, a quienes sorprendió en la salida de artistas del recinto y lo invitaron a ver las funciones desde el escenario el resto de la temporada.
Esta experiencia, explicó López, lo llevó a conocer a grandes personalidades de la cultura mexicana que desfilaban por los pasillos del PBA como a Carlos Chávez, José Clemente Orozco, las hermanas Campobello y muchos otros bailarines.
Salvador Vázquez Araujo, quien en décadas anteriores fue jefe del Departamento de Coordinación, recordó su labor en la organización de las presentaciones de diversos grupos artísticos como las del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, en las que “me di cuenta de lo maravilloso que es y la gran capacidad técnica que tenían sus instalaciones.
“El Palacio era realmente la sede la cultura en México; el director del INBA era asignado directamente por el presidente y su despacho tenía contacto directo con él, de tal modo que, cuando murió Siqueiros, por ejemplo, fue el mismo presidente quien ordenó al entonces director del INBA que se velará en Bellas Artes. El INBA tiene gran trascendencia porque es un instituto que está creado por ley y no por decreto, y esta ley le encarga todo lo que tiene que ver con cultura y expresión artística en el país,” resaltó.
De la misma manera la bailarina Viviana Basanta y Ricardo Calderón Figueroa, ex subdirector general del INBA, resaltaron el gran valor que tiene el Palacio de Bellas Artes no solo en las representaciones que se llevan a cabo de la cultura mexicana e internacional, sino como ícono mundial de México.



