- El Cuarteto Latinoamericano se presentará el 22 de marzo y el martes 8 de abril en el Palacio de Bellas Artes
- En el marco de las actividades por los 80 Años del recinto y del ciclo “Cuatro cuartetos en el Palacio”
Hasta el surgimiento del Cuarteto Latinoamericano, ningún grupo de cámara de nuestro país había estado integrado por músicos que renunciaran a su pertenencia a orquestas sinfónicas o a otras agrupaciones musicales y se dedicaran, de tiempo completo y de manera casi exclusiva, a un ensamble de cámara. Al mismo tiempo, ningún grupo nacional había logrado una proyección internacional tan clara y significativa.
Lo anterior fue expresado por el violinista Arón Bitrán, miembro del Cuarteto Latinoamericano, en la ponencia La música de cámara como opción de vida para un músico mexicano; un camino inédito, presentada en el marco del encuentro “México: Puerta de las Américas”, efectuado en junio de 2003. La misma fue reproducida en el volumen XXI, números 87-88 de la revista Pauta. Cuadernos de teoría y crítica musical, correspondiente al segundo semestre del mismo año de la publicación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
El ensamble se presentará el 22 de marzo, a las 19:00 horas, y el martes 8 de abril, a las 20:30, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, en el marco de las actividades por los 80 Años del recinto y del ciclo “Cuatro cuartetos en el Palacio”.
En el texto, Arón Bitrán comparte sus experiencias con los músicos jóvenes que apenas comienzan su carrera, a manera de introducción para que sean capaces de dotarse de las herramientas indispensables que “la aventura requerirá”, desde la redacción correcta de un currículum hasta la autopromoción.
Al regresar a México tras su primer concierto en Europa (en Alemania), el cual recibió elogios tanto por la crítica alemana como por el público, debido a la inclusión de una obra de Ginastera, “nos quedó claro que si habríamos de trascender más allá de nuestras fronteras, teníamos que apropiarnos cabalmente de esa mina de oro que representaba un corpus de obra inmerso, variado y casi virgen: la música de los compositores fundamentales de nuestro continente (Revueltas, Villa-Lobos, Ginastera, Chávez y Orbón, entre otros) y, como extensión natural, la música de los compositores vivos de América Latina.”
Por supuesto, el cuarteto nunca dejó de lado la interpretación del repertorio fundamental europeo para la dotación. “Así fue como llegamos a la situación actual, en la que en América Latina nuestros programas suelen estar constituidos en partes iguales por obras europeas y latinoamericanas en tanto que cuando tocamos en Estados Unidos, Europa o Asia las obras latinoamericanas suelen predominar casi en un noventa por ciento.”
La aseveración anterior puede constatarse con el programa que ofrecerán en el Palacio de Bellas Artes: obras de Silvestre Revueltas, Gabriela Ortiz, Ludwig van Beethoven y Samuel Barber para el concierto del 22 de marzo, y de Mario Lavista, Arturo Márquez, Francisco Mignone y Giuseppe Verdi para el del 8 de abril.
En la ponencia, el violinista también subraya la importancia de utilizar de manera inteligente y eficiente el tiempo de los ensayos, la búsqueda de la motivación artística por sobre cualquier otro aspecto, la entrega plena y absoluta de cada miembro de la agrupación y el intercambio de experiencias con agrupaciones afines.
El impacto de “la vida cuartetística en el músico como ser humano es quizá uno de los aspectos más profundos, enriquecedores, misteriosos e insospechados al que se verá enfrentado un músico que opte, como actividad profesional, por el cuarteto de cuerdas, al que se le ha definido como la ‘democracia perfecta’. Cuatro individuos con personalidades, actitudes e ideas a veces radicalmente diferentes comparten en la misma medida la responsabilidad de encontrar una salida negociada a una serie de problemas, musicales y de otros órdenes, sin que exista un jefe (…) Son precisamente la suma de las diferencias, las tensiones dialécticas que se generan, la continua dinámica que produce el frágil equilibrio de tantas fuerzas las que hacen que un cuarteto de cuerdas sea una agrupación tan rica, tanto más que la suma de cuatro buenos músicos.
“Toda la tensión, cariño, diferencias y empatía que hay entre los cuatro músicos, más todo el bagaje emocional y las vivencias que aporta cada uno, hacen que cuatro instrumentos puedan sonar como uno cuando se requiere pero, aún más maravilloso que eso, que el instrumento jamás deje de ser la voz de cuatro individuos.”



