- La especialista dio una conferencia acerca de la primera colonia capitalina
- El crecimiento urbano ha llevado a la zona a la “pérdida de identidad”
- Urge a revalorar la herencia arquitectónica entre las nuevas generaciones
La emblemática colonia Santa María la Ribera, la primera en establecerse en la Ciudad de México a mediados del siglo XIX, enfrenta hoy una grave situación consistente en una paulatina “pérdida de identidad”, debido a los enormes cambios registrados por el crecimiento urbano.
La aparición de grandes edificios multifamiliares, la construcción de vialidades mayores que la han “partido en dos”, comercios, burocratismo, la venta de inmuebles originales, el incremento de tráfico vehicular y una gran sobrepoblación, han llevado a este antiguo orgullo arquitectónico de la capital mexicana a “la pérdida de comunidad, de la tradicional reunión familiar y de la unión de vecinos, para dar paso a una cada vez más abrumadora individualidad”.
Lo anterior lo expresó la arquitecta Berta Tello al participar en la primera sesión del año del ciclo de conferencias "Arquitectura: memoria y futuro", que organiza la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Ayer miércoles, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, como parte de las actividades de la edición especial de la Noche de Museos realizada en el marco del 30 Festival Centro Histórico México, la arquitecta Tello dio la conferencia Santa María la Ribera, la primera colonia de la Ciudad de México, en la que hizo un resumen de la historia de dicha demarcación, considerada la primera en su tipo que se creó en la capital del país.
Berta Tello, egresada de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, donde obtuvo la Medalla Gabino Barreda al mejor promedio de licenciatura, se refirió a los orígenes de la colonia y detalló las características de los espacios que conformaban aquellas primeras casas que habitaron, desde mediados del siglo XIX, una naciente burguesía urbana: puertas, fachadas, pasillos, salas, comedores, cocinas, baños, vestíbulos y despachos, en diferentes estilos arquitectónicos, de acuerdo con la corriente imperante de la época.
En 1859 los ranchos de Santa María, De la Teja y Los cuartos, propiedad de los hermanos Flores, se fraccionaron para convertirse en la primera colonia capitalina y recibir a una clase pudiente, gracias a una gran publicidad: “compre y venga a vivir”, a “respirar el gran aire del campo”, se decía, según comentó la arquitecta.
Con el paso de los años, los nuevos habitantes llevaron consigo sus negocios, en un principio familiares, que se convirtieron después en grandes empresas, lo que dio paso a la creación de una nueva clase social privilegiada en la ciudad.
Durante el porfiriato, agregó Berta Tello Peón, el auge económico aceleró el crecimiento de la demarcación y dio mayores bríos a la construcción de inmuebles, con decorados en estilos art nouveau y art decó y con muebles generalmente importados de Europa.
Santa María la Ribera, asiento de destacados artistas e intelectuales que encontraron aquí, además, inspiración para su obra creativa, vio nacer así --contó Berta Tello Peón-- edificios como los museos de Geología y El Chopo, la Fundación Matías Romero, la Casa de los Mascarones y una alameda que en 1910 recibió lo que hoy en día la distingue: el kiosco morisco.
No obstante que algunas de las construcciones de la colonia aún preservan el estilo sobrio de su origen, su identidad se ha ido perdiendo al paso del tiempo, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, cuando se le ha “confinado” por la ampliación y construcción de las vialidades que la enmarcan hoy: la Calzada de la Verónica (hoy Circuito Interior), Insurgentes Norte, Nonoalco y México Tacuba (ambos trazos que datan de tiempos prehispánicos), explicó la arquitecta.
Tello Peón, quien realizó su tesis de licenciatura con un estudio habitacional de Santa María la Ribera, expresó no obstante que esta zona “sigue siendo, sin duda, una gran colonia, una gran muestra de lo que sucedió en determinado momento en la ciudad”, pero también de lo que puede suceder en caso de no poner atención en el desenfrenado crecimiento urbano.
De cualquier modo, agregó, en Santa María la Ribera vive hoy gente interesada en recuperar la esencia de su colonia, rescatar sus monumentos y sus edificios históricos y culturales; y urgió: “Es un gran legado arquitectónico que debe darse a conocer, difundirse y estudiarse, sobre todo entre las nuevas generaciones”.
Al final, Dolores Martínez, directora de Arquitectura del INBA, expresó que una de las tareas del Instituto es el estudio, valoración y catalogación del patrimonio artístico inmueble de la ciudad y el país, y que por lo tanto, estará atento a los estudios y recomendaciones de la arquitecta Berta Tello Peón.



