- Hemos sido buenos seguidores y ejecutores de ideas de otros, consideró
- Necesario, revalorar el legado mexicano, si no repetiremos el camino
- Lo ideal, que nuestras ideas sean aportación a la cultura universal
En el panorama de la arquitectura mexicana contemporánea de los años recientes existe calidad y seriedad profesionales, con reconocimiento nacional e internacional, producto de más de cien años de experiencia. No obstante que las obras y proyectos son buenos, podrían ser mejores y lograr una mayor trascendencia.
Para lograrlo, el gremio de los arquitectos debe documentar históricamente los proyectos y, sobre todo, someterlos a la crítica, un ejercicio que ha estado alejado de los profesionales de la arquitectura mexicana contemporánea. De no hacerlo, se estaría condenando a esa profesión a repetir una de las limitaciones que siempre la ha acompañado: mayoritariamente hemos sido buenos seguidores y ejecutores de ideas elaboradas por otros.
Lo anterior lo afirmó el arquitecto Gustavo López Padilla durante la conferencia magistral que impartió el jueves por la noche en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en el marco del ciclo "Presencia de la arquitectura mexicana", organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
Académico de la UNAM y gran aliado del INBA –como lo calificó al presentarlo la directora de Arquitectura del Instituto, Dolores Martínez Orralde—López Padilla hizo un repaso por la historia de la arquitectura en México desde principios del siglo XX, cuando un grupo de jóvenes arquitectos “se subieron de la noche a la mañana a la modernidad, de la mano del movimiento racionalista”.
El arquitecto comentó que en aquellos años dicho movimiento se había consolidado en los Estados Unidos y Europa Central con Walter Gropius, Ludwig Mies van der Rohe, Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, entre otros, quienes finalmente se convirtieron también en referencias intelectuales para la naciente arquitectura moderna mexicana.
Siguiendo sus ideas –explicó el ponente— surgieron en el escenario arquitectos como Carlos Obregón Santacilia, Juan O’Gorman, Mario Pani, Félix Candela, Francisco Serrano, Juan Segura, Augusto H. Álvarez o Luis Barragán, quienes desarrollaron una arquitectura que incorporó rasgos nacionalistas y de carácter social, en correspondencia con el Estado mexicano que buscaba legitimarse.
Cerca de los años cincuenta un nuevo grupo de profesionales de la arquitectura, como Pedro Ramírez Vázquez, Abraham Zabludovsky, Ricardo Legorreta, Teodoro González de León y Agustín Hernández, entre otros, realizaron proyectos que les dieron reconocimiento internacional.
Destacó que a mediados del siglo XX las ideas racionalistas comenzaron a ser cuestionadas al dar muestras de agotamiento y entró en una crisis al confrontarse con la idea de la diversidad, “la idea de los otros”. De ese modo, aseguró, surgieron movimientos arquitectónicos como el posmodernismo, el high tech, el minimalismo, el nuevo regionalismo y otras que se han dado en llamar “arquitecturas complejas”. En todas ellas, destacó, se han distinguido los arquitectos mexicanos, sobre todo una nueva generación de profesionales jóvenes, vanguardistas, experimentales y arriesgados.
Si en México en las primeras décadas del siglo XX tuvo una gran injerencia el Estado mexicano, hacia los años ochenta esta decayó, dejando la iniciativa en gran medida a los empresarios, sobre todo en el sector de vivienda, convirtiéndose en un gran negocio, dijo López Padilla, y subrayó que con los sismos de 1985 se comenzaron a discutir otras formas de ver la arquitectura, sobre todo bajo el concepto de la “diversidad”.
Ante un numerosos público formado principalmente por estudiantes y en presencia del director de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, Marcos Mazari Hiriart, el arquitecto López Padilla reconoció, asimismo, que en la segunda mitad del siglo XX en México se han mejorado las condiciones de formación de nuevos arquitectos, con escuelas, becas y otras facilidades que les permiten inclusive obtener trabajo en sus lugares de origen y realizar estudios en el extranjero.
Mencionó que una corriente importante en los últimos años ha sido la arquitectura de rescate, restauración y conservación del patrimonio arquitectónico, revitalizando espacios y dándoles un nuevo uso, como algunos museos, tarea en la que ha desempeñado un papel fundamental el INBA.
Apoyándose en la proyección de diapositivas, López Padilla hizo también un repaso por importantes inmuebles de diversos estados del país, destacando su dinamismo y funcionalidad, y llegó a la pregunta fundamental de la conferencia: ¿Y ahora qué con la arquitectura mexicana contemporánea?
Con frecuentes referencias a Octavio Paz y su obra Los privilegios de la vista, planteó finalmente la necesidad de documentar y revisitar la obra de los arquitectos mexicanos. “Innovación no está peleada con tradición”, dijo. En ese sentido, criticó que en la actualidad no se ha analizado ni valorado la obra de los pioneros de la arquitectura en México (Santacilia, O’Gorman, Pani, Barragán, etcétera), con lo cual -consideró—podría darse luz a los caminos futuros de la arquitectura mexicana.
Entonces insistió: “Si no hacemos lo anterior, estamos condenados a repetir una de las limitaciones que ha acompañado a la arquitectura mexicana contemporánea, que consiste en que mayoritariamente hemos sido buenos seguidores y ejecutores de ideas elaboradas por otros”.
Lo ideal ---finalizó López Padilla—sería que los arquitectos mexicanos, desde nuestra propia circunstancia y maneras de ver la vida, fuéramos capaces de construir las ideas que le den sentido y trascendencia a nuestras obras y se convirtieran en una contribución a la cultura universal.



