La Madre


Viuda de un obrero y madre de un obrero, Pelaguéia Vlásova ve con inquietud, casi con miedo, cómo su hijo se reúne en la clandestinidad con sus compañeros de la fábrica. Le preocupa que no sea como su padre y que se embeba en la lectura de libros tan ajenos para ella.
El fuego depurador de la lucha revolucionaria revelan en la madre los principios de un nuevo orden social que transforma al ser humano. Asistimos a la transformación de la madre cuando después del primero de mayo y la detención de su hijo Pavel, aprende a leer, deja el arrabal y se traslada a la ciudad donde ayuda a otros obreros a liberarse de sus miedos y a sacarlos de su oscurantismo.
Combaten a una sociedad hostil que pone en peligro no sólo la existencia de la gente sino, de su mundo espiritual “¿Y será posible que atormenten a la gente?” pregunta la madre a su hijo, refiriéndose a los policías. “¿Qué desgarren el cuerpo, que rompan los huesos? Cuando pienso en esto Pavel, querido mío, ¡me da horror!, y él responde: “Rompen el alma… eso duele más: el que desgarren el alma con  sus manos sucias…” 

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