Bellas Artes a todas partes lleva los colores de la música a Oaxaca

  • Armando Merino interpretará piezas de Mozart, Scriabin y Schumann el domingo 18 de enero en el Centro Cultural Santo Domingo
  • El pianista también se presentará en Guanajuato y la Ciudad de México durante enero y febrero
  • El ciclo Bellas Artes a todas partes iniciará sus actividades del año en el Centro Cultural Santo Domingo, en Oaxaca, con el recital Mozart, Scriabin, Schumann: los colores de la música del pianista Armando Merino, el domingo 18 de enero a mediodía.




“Por la naturaleza de las obras que escogí, el programa resulta muy colorido”, expuso en entrevista el concertista, quien en 1984 fue distinguido por el gobierno mexicano con la mención honorífica del Premio Nacional de la Juventud después de realizar por tres años estudios profesionales y de posgrado en Nueva York.

Los seres humanos percibimos el color “no solo través de la vista, sino también con el oído, gracias a la música, e incluso a través del gusto. Por ejemplo, los sabores de la fruta despiertan sensaciones de colores. En el caso de la música, el color está definido por la armonía y el manejo instrumental”,  aseveró.

“Al margen de las épocas en que fueron creadas las piezas elegidas, es el sonido el que brinda las percepciones de color, relacionadas directamente con diversos estados emocionales: alegría, tristeza, enojo, melancolía, etcétera”.


El programa contiene “un colorido emocional enorme, que comienza con la Sonata en re mayor K 311 de Wolfgang Amadeus Mozart. Es una pieza muy brillante que remite al mundo de los príncipes absolutistas, con texturas de sedas de colores pastel, del maquillaje que se acostumbraba”.

En contraste, las obras de Alexander Scriabin (1872-1915) seleccionadas para la ocasión (Dos nocturnos op. 5: núm. 1 en fa sostenido y núm. 2 en la mayor, así como Dos estudios op. 8: núm. 5 en mi mayor y núm. 12 en re sostenido menor) “poseen un manejo armónico muy sofisticado y oscuro. No solo se observa un siglo de distancia entre el primero y el segundo, sino además dos concepciones distintas en cuanto a la búsqueda del color”.

Sobre la obra del compositor ruso, el intérprete abundó que fue un creador obsesionado con la relación entre la música y el color, “al grado de que, para sus últimas obras, quiso hacer espectáculos de tipo multimedia en esos tiempos, cuando no existían posibilidades tecnológicas. Decía que, cuando escribía, en su música había luces que cambiaban de color, nota con nota, conforme modificaba la armonía”.

Luego vendrá el Carnaval op. 9. Escenas pintorescas sobre cuatro notas de Robert Schumann, que incluye más de 20 segmentos y cuya duración es de 30 minutos aproximadamente. Con esta obra, el autor expuso su mundo personal.

Armando Merino, además de ser docente de tiempo completo de piano, música de cámara y prácticas de acompañamiento en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha grabado los discos Azulejos. México y España a través del siglo XX, que reúne piezas poco conocidas de importantes autores de ambos países, seis de ellas primeras grabaciones mundiales, y ‘S Wonderful. De los veinte y treinta en América, con obras de Gershwin, Revueltas, Lecuona, Chávez y Ginastera. En 2007 apareció su más reciente álbum, Capricho. Los valses completos de Ricardo Castro, integrado por 22 piezas, 15 en estreno discográfico.

Luego de su recital en Oaxaca, ofrecerá el mismo programa el domingo 25 de enero en el Museo Nacional de Arte. Tendrá también una presentación el 29 de enero en el Museo Iconográfico del Quijote, en la ciudad de Guanajuato.

Regresará a la capital para brindar esta propuesta en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco el domingo 1 de febrero, en la Biblioteca Vasconcelos el viernes 6, en el Museo Nacional de Antropología el viernes 13 y en el Antiguo Palacio del Arzobispado el domingo 22.

Merino aseguró que el público saldrá feliz de estas presentaciones, porque se trata de música muy energética, incluso con el contraste de Scriabin hacia lo obscuro y un poco a emociones depresivas o atormentadas, mientras que Mozart y Schumann se van a la superficie de la vida y la alegría en obras demandantes que requieren una pianística virtuosa. “Me siento en mi elemento. Hago propias estas historias y me conecto con ellas para poderlas contar desde primera persona, de tal suerte que el público me crea lo que digo con la música”, finalizó el intérprete.