- Su trayectoria es un alegato que afirma que la profesión del actor puede alcanzar la dignidad fundada en una ética radical, señaló el director
- Su nombre es sinónimo de rigor y elegancia actoral: María Cristina García Cepeda
- El INBA se solidariza con la comunidad artística de México, refirió la directora general de la institución
En el acto, la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, al entregar el reconocimiento, se refirió a Ricardo Blume como un “hombre culto, reservado, caballeroso y con gran sentido del humor. Su nombre es sinónimo de rigor y elegancia actoral, de la construcción minuciosa de un personaje, del trabajo sin tregua para alcanzar una interpretación impecable, de entender que la perfección escénica exige disciplina.
“Es un ejemplo de vida entregada al arte; un decano del teatro tanto en Perú como en México. Miembro de número de la Compañía Nacional de Teatro, se ha ganado el respeto de sus colegas y el corazón de su público a través de su sólida trayectoria marcada por el estudio, la disciplina, el profesionalismo y el amor al teatro”.
La titular del INBA apuntó que Blume “ocupa un lugar de honor en los escenarios mexicanos, donde es apreciado por su forma de entregarse a la interpretación de los personajes más complejos de la dramaturgia universal. Con su ejemplo nos ha enseñado que el teatro es un arte colectivo”.
En este contexto, María Cristina García Cepeda afirmó la institución a su cargo “refrenda su compromiso con la libertad de creación, de expresión, de forma pacífica, y se solidariza con la comunidad artística de México, con la comunidad teatral, pugnando por el Estado de derecho, por un México en paz con solidaridad y armonía”.
Durante su intervención, Luis de Tavira expresó que Blume “es un actor que no ha dejado de cambiar, y después de 60 años ha sabido llegar a su último estreno con los mismos nervios del primero.
“La trayectoria de Ricardo Blume aparece como un alegato indispensable que afirma que la profesión del actor solo podrá alcanzar su dignidad artística si está fundada en una ética radical; que entiende al ejercicio teatral como un compromiso con la causa de los otros y de lo otro, y al arte como exigencia de libertad, responsabilidad y goce lúdico, alcanzado solo con el rigor y la entrega sin reservas”.
De Tavira, quien resaltó el quehacer pedagógico de Blume, así como su formación en la dirección y producción escénica, dijo que el actor peruano “pone en riesgo su propia alma” con su rigor: “Una minuciosidad técnica, entendida como la pasión de un pensamiento que ha descubierto que en los secretos del personaje dramático se debate el misterio mismo de toda la existencia humana”.
Finalmente, Ricardo Blume dijo sentirse “ablumado” por el reconocimiento, que proviene “más de la generosidad que de méritos míos”, el cual compartió con la Compañía Nacional de Teatro y su familia.



