Grana cochinilla, pigmento valioso en el arte europeo

  • El tercer día de actividades de Rojo mexicano. Coloquio Internacional sobre grana cochinilla en el arte tuvo lugar en el auditorio de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía



En el tercer día de actividades de Rojo mexicano. Coloquio Internacional sobre grana cochinilla en el arte, organizado por el Museo del Palacio de Bellas Artes del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la Secretaría de Cultura de Morelos, se llevó a cabo la segunda mesa, La cochinilla en la pintura europea: análisis técnico, la cual contó con la participación de especialistas extranjeros quienes ofrecieron una serie de ponencias que resaltaron la trascendencia e importancia de la grana cochinilla en las obras de arte europeas, las técnicas de extracción de este colorante, su comercialización y diversos métodos de análisis para su estudio, entre otros puntos de interés.

Las actividades de la tercera jornada del encuentro se efectuaron el jueves 13 de noviembre en el auditorio de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía.

Durante su intervención, Jo Kirby, del Departamento de Investigación Científica de The National Gallery de Londres, explicó que a finales del siglo XIX el tinte rojo se obtenía de plantas e insectos: el palo de Brasil, el insecto quermes de Europa y la cochinilla mexicana. “Es importante entender la importancia de los precios de los pigmentos en Europa. Los más caros eran los hechos de la madera, pero los de las cochinillas eran también extremadamente costosos y se usaban para distintas telas, incluida la seda. El tinte escarlata en el Viejo Mundo era únicamente para prendas costosas y el terciopelo de Venecia del siglo XVI era una seda teñida con cochinilla”.

En su turno, Barbara H. Berrie, del Departamento de Investigación de la National Gallery of Art de Washington, expuso la manera en la que los artistas europeos hacían uso del pigmento que produce la cochinilla.

“El descubrimiento, a principios del siglo XVI, del tinte rojo hecho en México de insectos cultivados fue seguido de mejoras en las producción y de un comercio importante. Bernardino de Sahagún, escribió en 1577: ‘En estos días la cochinilla llega hasta China y Turquía, y en todo el mundo es altamente conocida y valorada’. España empezó a ser el centro y de ahí se dispersó. Los colores que se podían producir por la cochinilla eran admirados por su variedad, potencia y brillantez.

“La cochinilla se usaba ampliamente en aceite y agua. Las diversas formas de preparación del colorante dieron lugar a lacas y carminas que enriquecieron la paleta de muchos artistas. En una reciente revisión del uso de lacas por los impresionistas, puede apreciarse la amplia gama existente”, aseguró Berrie.

El investigador Michel Menu, del Centro de Investigación y Restauración de los Museos de Francia, compartió algunos aspectos del trabajo analítico que realiza en su laboratorio: “Empleamos diferentes métodos y técnicas de imagen, donde podemos encontrar pistas para obtener lacas rojas. Para el sustrato tenemos métodos elementales.

“Todas estas técnicas requieren de un conocimiento especializado. Yo soy muy afortunado de tener un laboratorio y contar con gente profesional en su campo. Hemos desarrollado estas técnicas cuando se nos piden proyectos específicos de investigación para analizar los pigmentos en objetos arqueológicos. Tenemos estudiantes de doctorado que trabajan en el uso de métodos ópticos no invasivos para poder identificar los diversos pigmentos en pinturas de caballete”, comentó.

Por su parte, Marco Leona, del Departamento de Investigación Científica del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, describió la aplicación de la técnicaRaman, herramienta microanalítica recién desarrollada que ofrece la posibilidad de identificar colorantes naturales y sintéticos a partir de muestras pequeñas.

“Como es muy difícil extraer los tintes, hay que viajar para obtenerlos y deben marcarse las pequeñas diferencias que existen en ellos para obtener resultados muy específicos. La mejor técnica para identificar tintes naturales orgánicos es la cromatografía líquida de alto desempeño, porque separa todos los componentes, pueden verse los porcentajes y se marca el origen botánico”, sostuvo Leona.

El Greco, Velázquez y Zurbarán utilizaron la grana cochinilla en sus pinturas, señaló durante su participación María Dolores Gayo García, responsable del Laboratorio de Análisis del Área de Restauración del Museo Nacional del Prado de Madrid.

Con una antigüedad de apenas siete años, dicho laboratorio se encarga de analizar los pigmentos a partir de la toma de una micromuestra que se observa a través del microscópico óptico, para, posteriormente, realizar la extracción del colorante y someterlo a diferentes a pruebas. Gayo García aseguró que también se utilizan las fuentes documentales de la época para localizar, en el caso de la grana cochinilla, a partir de cuándo comenzó a utilizarse.

Una fábula (1580), La crucifixión (1597-1600) y La adoración de los pastores (1621) son los cuadros en los que El Greco utilizó la grana cochinilla para pintar diferentes tonalidades de rojo. De Velázquez, la investigadora mostró La imposición de la casulla a San Ildefonso (1623), La coronación de la Virgen (1635-1636) y Las Meninas(1656), y de Francisco de Zurbarán, Martirio de Santiago (1640) y Juan Bautista, obras en la que también se empleó la cochinilla.

Por su parte, Arie Wallert, del Rijksmuseum y la Universidad de Ámsterdam, hizo un recuento de la llegada de la grana cochinilla a Holanda en el siglo XVII y su uso en el arte en esta nación europea. Refirió que en su país se cuenta con una base de datos en la que se encuentra el registro de los navíos que arribaron a sus costas. En esa bitácora se específica, con todo detalle, lo que llegó, en qué cantidad, de qué país procedía y los precios. Entre esos cargamentos se menciona la cochinilla mexicana, el verde español y el palo de Brasil. “Es asombroso ver la cantidad de cosas que se comerciaban”, señaló.

Mostró la imagen de un periódico de 1698 en el que sobresale una noticia sobre la espera de una embarcación proveniente de la Nueva España, que llevaría de cinco a seis mil bolsones de cochinilla. Este material lo empleaban para teñir textiles de un tono escarlata. Posteriormente, esta tela ya limpia, se cortaba en pequeños trozos y se vendía para extraerle el color.

Los pintores no sabían si el pigmento procedía de la cochinilla o de algún otro producto. Sin embargo, gracias a los análisis realizados a las obras, puede determinarse que Ter Borch, Vermeer y Rembrandt utilizaron la grana cochinilla en algunos de sus cuadros, como La novia judía, de Rembrandt, en el que el color es tan intenso que se refleja en la mano y la manga de la mujer retratada.