Jan Fabre conversó con los asistentes al estreno en la Ciudad de México de su obra El poder de la locura teatral

  • El artista belga ha logrado pasar a la historia y crear nuevos parámetros: Juan Meliá



“Soy un enano en un país de gigantes”. Así se presentó el artista belga Jan Fabre durante la charla previa que sostuvo con los asistentes, en su mayoría jóvenes, al estreno en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, la noche del martes 28 de octubre, de su obra El poder de la locura teatral.

Juan Meliá, coordinador nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), dio la bienvenida al artista, quien, afirmó, es “un personaje que se encuentra ya en la historia del arte, en el ámbito de las artes escénicas y del performance.

“Es alguien que con su capacidad y enorme cantidad de proyectos ha logrado pasar a la historia y crear nuevos parámetros. Nació en Amberes en 1958 y ha trabajado desde el dibujo, la sangre, la escritura, objetos, películas; es un artista total, un creador que no tiene miedo de moverse entre disciplinas”, señaló Meliá.

Jan Fabre dijo que se consideraba un enano porque la casa donde nació estaba al lado de la residencia de la familia de Rubens. “Crecí pensando en grandes titanes de la pintura. En ese sentido siempre fui un enano como artista belga. Todos esos artistas son de vanguardia comparados con los de hoy en día”.

Comentó que El poder de la locura teatral tiene ya 30 años de existencia. “Yo era un artista visual. Estudiaba en la Real Academia de Dibujo Clásico y hacía aparadores. En 1976, mientras trabajaba con maniquíes, metía mi cuerpo dentro de los de estos. Entonces ya hacía performance sin saber de lo que el performance se trataba”.

El poder de la locura teatral es una propuesta basada en El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen. “Lo que se ve en escena es un asunto griego relacionado con el tiempo, como un elemento de construcción a través de la repetición. Si esto era importante hace 30 años, lo es aún más hoy que vivimos en la era del Facebook, las comunicaciones rápidas, los teléfonos móviles; es la época en la que tendremos la experiencia de la catarsis griega”, comentó el director de la compañía Troubleyn.

“Fui uno de los primeros en investigar las relaciones entre el teatro tradicional y las artes performativas, en tomar la iconografía de la postura clásica del cuerpo. A través del tiempo y la repetición, el cuerpo se vuelve contemporáneo en el escenario; con sudor, con lágrimas, vulnerable”.

Comentó que a lo largo de las últimas tres décadas ha desarrollado una guía de ejercicios definidos a partir de la idea de actuación fisiológica: “El puente entre la actuación y el cuerpo se desarrolla a través de estos ejercicios; son el resultado fisiológico de lo que sucede en el cuerpo del actor.

“El estilo de mi compañía ha sido desarrollado a través de esas guías. La esencia de mi trabajo está en las células nerviosas de mis actores; sale desde el centro del quehacer artesanal de los actores y de su fisiología para poder construir el acto performativo”.

Llamó a sus actores guerreros de belleza, que combinan el trabajo de la actuación y el baile de manera integral. “Esta mezcla de entrenamiento genera a los intérpretes del siglo XXI, a diferencia de los del siglo XIX, que solo eran actores o bailarines.

“Yo he hecho un solo performance. En el momento en que lo repito y lo vuelvo a repetir se convierte en teatro”.