- La danza de los espectros del 24 de abril al 21 de septiembre de 2014 en el Museo de Arte Moderno
- Escenografía y paisaje psíquico, Bestiario onírico, Cotidiano extraño y Alquimia e introspección son los núcleos en los que se presenta la muestra
La
danza de los espectros
El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y el Museo de Arte
Moderno de la Ciudad de México presentan una muestra que reúne la obra de cinco
importantes artistas plásticos europeos, emigrados a México a mediados del
siglo XX. Es el caso de Leonora Carrington, José Horna, Wolfgang Paalen, Alice
Rahon y Remedios Varo, quienes en mayor o menor grado estuvieron vinculados en
su momento al movimiento surrealista o al del realismo mágico (este último con
características que dificultan su delimitación).
En la capital de este país confluyeron, entre las décadas de 1940 y
1960, una serie de condiciones excepcionales para que artistas mexicanos y
extranjeros convivieran, generándose así el intercambio de estilos e ideas que
desembocaría en una producción pictórica y escultórica difícil de circunscribir
como movimiento homogéneo pero que, sin lugar a dudas, contó con rasgos
inequívocos de sintonía.
La exposición se articula en varios núcleos temáticos cuyo objetivo es
profundizar en los procesos creativos de cinco artistas, y en cuya obra se
ejemplifica el choque de realidades y la fascinación por el contexto tan
fecundo para la creación que México les ofreció. Dichos ejes definen la
producción plástica desde el punto de vista de creadores exiliados que debieron
manifestarse ante un contexto distinto a aquel donde se habían formado, para adaptarse,
oponerse o integrarse —según el caso— al mismo.
Los contrastes sociales y las contradicciones históricas del país, al
igual que sus encantos, su cultura, sus tradiciones y la belleza de sus
paisajes, los llevarían a tomar una bifurcación en el camino, una que no
implicó renunciar a sus orígenes surrealistas. México les significó un universo
temático nuevo, uno en el que fundirían sus aprendizajes y experiencias previas
con elementos hasta ese entonces desconocidos para ellos. En determinado momento
el país se les volvió suyo, y sus tradiciones, antes ajenas, se convirtieron en
propias.
En 1936 Antonin Artaud (Marsella, 1896-París, 1948), quien había viajado
a México en búsqueda de un arte no europeizado con remanentes de expresión
primitiva, escribió:
Las palabras de Artaud evocan la resonancia de las tradiciones
ancestrales en contraposición al estilo de producción plástica del Viejo
Continente imitado por los artistas mexicanos modernos. En un sentido opuesto
—y a partir del giro dramático en la historia ocurrido tan solo unos años
después de la visita del escritor francés a nuestro país—, la frase de Artaud
funciona también para referirnos a la permanencia de los ideales originales de
los artistas europeos exiliados como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial,
quienes continuaron manifestando su interés en el surrealismo, el psicoanálisis
y el ocultismo a pesar de la fuerte influencia cultural que México ejerció en
sus vidas y en su obra. El espectro de los ideales de la modernidad persistió
en el sentir de una comunidad en el exilio, en un país que se debatía entre el
proyecto de desarrollo y la preservación de tradiciones milenarias. Texto de
Gonzalo Ortega.



