- Del 14 de marzo al 20 de julio de 2014 en el Museo de Arte Moderno
Fernando González Gortázar: Resumen del fuego
¿Qué
sucede si puentes serpentean glorietas para encontrar caminos y
desniveles? ¿Cómo establecer diálogos entre arquitectura y formas en la
naturaleza? ¿Qué despliegues vitales hay en penetrar estructuras? ¿Es la
anomalía un azar que no tendría que atormentarnos?
Narrar
a Fernando González Gortázar, arquitecto, escultor y teórico;
contemplar sus búsquedas espaciales, impulsó sensibilidad que evitó una
presentación cronológica. Los trabajos se agrupan en proyectos
fundamentales para el autor; monumentos penetrables-transitables;
arquitectura pública y privada; prehistoria de una indagación geométrica
y experimentos con objetos; derivaciones formales; huecos y anomalías
azarosas; y son solo algunas edificaciones, así como fragmentos de
proyectos y series, elocuentes de este enfoque expositivo.
En
estas áreas se incluye reflexión teórica, otra vertiente de su carrera
con la que construye vías alternas de comprensión para sus procesos
creativos y el oficio arquitectónico, en un continuo intercambio entre
pensamiento y práctica artística.
Una
revisión de la obra de Fernando González Gortázar es reflexión estética
de la mirada, del tocar, moverse y transitar, de su preguntar para asir
indagaciones cuestionando una y otra vez formas y estructuras,
respiración de su existencia creativa, que moviliza materia, lugares y
personas.
Eugenia Macías
Curadora invitada
Integrar: proyectos desde sí mismos
En
esta sección se presentan proyectos que son considerados por Fernando
González Gortázar centrales en su trayectoria porque han concretado
búsquedas en décadas sobre geometría, función, paisaje, ecología,
urbanismo.
Por un lado se revisa el proyecto Emblema de San Pedro, en el estado de Nuevo León en México (1991-2013), y sus elementos El Paseo de los Duendes, El Viento Blanco, La Ola Blanca, Las Banderas, y el Centro Cultural Fátima,
en los que el artista realizó experimentaciones similares a sus
primeros monumentos transitables y replantear funciones de las
estructuras, sus diálogos con el entorno natural, dinámicas por
perspectivas en movimientos del espectador al penetrarlas, que articulan
lo monumental con usos del espacio urbano y la relación entre formas.
Se presenta también el Centro Universitario de los Altos (Tepatitlán,
Jalisco, 1993-2013), proyecto que ha sido escenario de evoluciones
expresivas de este autor con retos específicos: condiciones del terreno
aportaron cualidades para propuestas creativas en la diversidad
de estructuras desplegando funciones para las que han sido diseñadas
pero en diálogo con la geografía local y sus ciclos.
Monumentos penetrables-transitables
Transitar y penetrar elementos
arquitectónicos constituye una de las primeras y más vigentes
preocupaciones sensibles de Fernando González Gortázar, desde proyectos
de su periodo formativo y sus inicios profesionales, como Monumento Nacional a la Independencia, Glorieta de Guadalajara y otros proyectos no construidos diseñados entre 1966 y 1970. El
primero, su tesis profesional, le permitió pensar lo monumental, las
escalas, el movimiento de las personas, la integración entre estructuras
y paisaje. El autor regresa a él en cada nueva propuesta para postular
en lo arquitectónico diversas alternativas de experiencia.
Se incluyen aquí indagaciones recientes como el Arco del Bicentenario (Ciudad
de México, 2009, no construido), que vinculan vialidades para
articular una ciudad de ámbitos sin obstaculizar vistas ni usurpar
elementos plásticos.
Arquitectura pública y privada
Experimentaciones
recientes en cuanto a arquitectura pública enseñan otros retos
emprendidos por Fernando González Gortázar. Los proyectos Arena Panamericana, Jardines de la UdeM, Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, Zoológico de San Juan de Aragón, Centro de Seguridad Pública, Museo del Pueblo Maya, entre otros, desde la década de 1970 y el presente, replantean
inusualmente soluciones plásticas de revitalización de espacios, sus
funciones y prácticas sociales en conexiones entre áreas y elementos en
naturaleza; repetición de motivos
geométricos para detonar experiencias espaciales y de paisaje y activar
diálogos entre creación e historia arquitectónica.
En
sus primeros proyectos de arquitectura privada, en la década de 1960,
el autor investigó todo lo que pasaba al transcribir un plano a la
construcción en sí. En las siguientes décadas materializará en esta
misma lógica diversas indagaciones: integrar estructuras, personas,
vegetación, a través de distintos recursos estructurales, contrastes
entre interiores y exteriores, así como adaptaciones constructivas a las
características de los terrenos.
Prehistoria geométrica y experimentos posteriores
Otras
facetas de Fernando González Gortázar se muestran en esculturas
tempranas y dibujos que considera la prehistoria de sus indagaciones con
una dirección en cuanto a espacio, forma y geometría.
Esta
arqueología de obra del artista, sin total precisión en conexiones
entre diversos puntos en superficies y volúmenes, es contrastada aquí
con experimentaciones posteriores en objetos utilitarios que decantan
sus hallazgos en un manejo planeado estructural. Así, en series y piezas
como Plato Prieto, Vasos-Besos y Candelabros, un
utensilio es inesperado soporte de grecas y un trazo una posibilidad
estratégicamente infinita, ejemplificando proyectos en que el autor ha
practicado lo cotidiano como agente de experiencia estética.
Indagaciones formales
Tienen
un lugar prolífico en la trayectoria de Fernando González Gortázar sus
derivaciones formales —vivenciales— en obra arquitectónica y
escultórica, a partir de laberintos, fuentes, diagonales, triángulos,
cubos, círculos, esferas, cilindros, como detonadores de investigaciones
plásticas.
Este
artista juega con hendiduras que cuestionan totalidades supuestas en
las formas, repeticiones y rotaciones suspendidas en una intención
sensible, desprendimientos de líneas y tiras; ¿Qué ocurre si se esculpe
con agua haciéndola transitar y caer? ¿O si un motivo geométrico es
fracturado? ¿Y si se intersectan formas y se transgreden sus
trayectorias? Como ejemplifican, entre otros proyectos, Fuente de la Hermana Agua y El laberinto del laberinto.
Prismas
derivan en curvas, triángulos devienen espigas y cubos varían códigos
jugando entre vacío y ocupación. Conjuntos despiertan o duermen en
repliegues y escalonamientos. Otros se cierran concéntricamente. Así lo
sugieren piezas como La Gran Espiga, Escultura Múltiple Variable y las series Homenajes, Ciudades dormidas, Ciudades despiertas y Ciudades cerradas.
Huecos y anomalías azarosas
Esta
revisión culmina con obras que exploran azares expresivos en los que la
anomalía, es afinidad y no alteración. Para Fernando González Gortázar
es camino de hallazgos y buscarlos una condición vital.
Sus
propuestas convierten curvas y huecos en contrastes entre regularidad
geométrica, caos de oquedades y libertades orgánicas; desmontaje de
trayectorias y ángulos de giros en elementos de una estructura;
transgresión de lindes en vistas que rebasan los márgenes de la
composición; y también cuadros que rechazan su raigambre pictórica para
ser dispositivos multidisciplinarios (Sombras del bosque, La serpentina II, Desconfines —escultóricos y gráficos—, Teteotl/Dios de la piedra, Arbolitos secretos, Retrato de Chillida, La columna dislocada, Fuegos de San Telmo).
En
otros procesos dinamiza tonalidad de materiales de usos y entornos
diversos no vinculados a lo artístico al crear aprovechándolos; define y
difumina motivos formales, ramifica líneas. Este artista propicia
encuentros en ausencia de fronteras, vida interna en papel milimetrado,
cálculo que es al mismo tiempo creación. Revelaciones del ánimo y su
tránsito en la indeterminación.



