- Un cuento, una historia de amor o un mensaje masónico
- La ópera de Mozart se presenta en el Palacio de Bellas Artes
Por un apego a nuestras raíces fue que el director de escena de La flauta mágica, José Antonio Morales, decidió situar la historia de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart en tiempos prehispánicos, tomando elementos de Monte Albán y Chichen Itzá. Con este montaje se abrió la temporada 2014 de la Ópera de Bellas Artes del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
La flauta mágica, ópera en dos actos de Mozart, con libreto de Emanuel Schikaneder, no precisa el lugar donde se desarrolla la historia, por lo que a lo largo de los años cada puesta en escena ha variado su ubicación, según la interpretación de su director, dijo en entrevista Morales. “Se han realizado variaciones y mezclas muy extrañas, como un frontón griego mezclado con un obelisco y con glifos de la cultura egipcia”.
Para realizar este montaje, se llegó a una conclusión: “Durante todo el tiempo que hemos hecho espectáculos, hemos procurado identificarnos con nuestras raíces, y encontramos que el culto a las deidades de las antiguas culturas en Mesoamérica era similar al que se plantea en la obra. Allí está la identificación, que no justificación, porque no la necesitamos”, afirmó el director.
“Lo que se plantea en la obra es más bien una atmósfera. Algunos hablan de un sitio oriental, pero nosotros encontramos algo similar en el culto a Tonatiuh y Meztli, que serían los equivalentes a Isis y Osiris. Además está la aspiración de justicia del ser humano, el conocimiento de uno mismo, la superación. Todo coincide con la idea que Mozart y Schikaneder concibieron, tomada de la cultura masónica. Por eso La flauta mágica tiene muchas lecturas, desde un cuento de hadas con una bruja malvada, una historia de amor, y el mensaje masónico, con una serie de símbolos.



