“El arte enriquece a los seres humanos y los hace sensibles; es una forma de educación, de comunicación y de vida”: Valentina Castro

  • Recibió la Medalla Miguel Covarrubias por su quehacer en la danza
  • Le fue otorgada, al igual que a Guillermo Arriaga y Rocío Sagaón, dentro de las actividades por el trigésimo aniversario del Cenidi Danza



“Cumplo con lo que me gusta: dedicarme la vida entera a la danza en condiciones diversas. Para mí es muy satisfactorio, porque considero que el arte enriquece a los seres humanos, los hace sensibles; es una forma de educación, de comunicación y de vida”, afirmó en entrevista Valentina Castro, bailarina, profesora y promotora de danza.

En el marco de las celebraciones del trigésimo aniversario del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza (Cenidi Danza) “José Limón”, la triada de maestros, Valentina Castro, Rocío Sagaón y Guillermo Arriaga, fue reconocida con la Medalla Miguel Covarrubias por “su creatividad, talento y esfuerzo”.

Valentina Castro nació en el Estado de México en 1931. Debutó a los 15 años y ha participado en más de 80 coreografías alrededor del mundo. A sus 78 años dedica parte de su tiempo a la docencia en la Escuela Nacional Nelly y Gloria Campobello, institución en la que imparte el diplomado La danza como juego, mediante el cual se busca que la danza sea incluyente y logre dirigirse a los niños, adultos mayores o personas disminuidas. En este proyecto colaboran Rocío Rangel, Consuelo Sánchez y egresados de la propia escuela.
  
Este método, que considera a la danza como juego y convivencia, inició como una investigación en la Escuela de Artes José Limón de Culiacán, Sinaloa, donde impartía talleres. “Gente de todas las edades llegaba con la idea de bailar, y lo que hice fue desarrollar sus facultades, sin ninguna técnica conocida. Comencé a inventar juegos para que los niños, adolescentes y adultos pudieran ejercitar su cuerpo de manera lúdica, divertida, con ejercicios como juego de carreras, andar en cuatro “patas”, saltar como rana o chapulín, caminar como alacrán y rodar como gusano. Son actividades que nos llevan a mover el cuerpo y a desarrollar facultades naturales del ser humano”.

La homenajeada jamás se ha separado de la danza. Recordó que sus inicios fueron en la Academia Mexicana de la Danza Mexicana en 1949. Perteneció a la llamada época dorada de la danza moderna nacional y continuó su preparación pese a la disolución del Ballet Mexicano.

De sus maestros, a quienes los considera una leyenda, menciona con cariño y emoción a Waldeen, Anna Sokolow, Doris Humphrey, Ana Mérida y José Limón, con el que interpretó Tonanzintla en 1951, experiencia que le permitió estudiar becada en la Universidad de la Danza del Connecticut College de New London, así como en la Universidad de la Danza de Jacob’s Pillow, en Lee, Massachusetts. De ahí pasó después a la escuela de Martha Graham en Nueva York.

Con Lyn Levine aprendió la técnica Nikolais. “Constantemente encuentro muchísimas técnicas. He conocido bastantes y siempre aprendo cosas nuevas. Bailé danza butoh con Ko Murobushi. En la actualidad me especializo en métodos de danza para personas con habilidades mixtas”. 
  
Valentina Castro está segura que todo el mundo puede utilizar la danza para expresarse, y sostiene que su método se basa en tres pensamientos: todos somos creativos, desde el niño pequeño hasta el anciano; todos tenemos algo que expresar: el cuerpo expresa, incluso sin querer hacerlo, y todos necesitamos del otro. “Somos seres sociales que requieren del trabajo en equipo para alcanzar metas más satisfactorias. Además, si se involucra el juego en la formación, se logran seres más competentes”